Atardecer – Capítulo I
Diciembre 5, 2009 | En: Escritos
Atardecer – Capítulo I – Entre conversaciones de café
Otro día empieza, luego de que las tinieblas van desapareciendo para convertirse en algo más común, más familiar. Otro día para vivir, otro día para morir, que recurso inexpresivo. Casi publicitario.
Al peinarse, fija su mirada contra el espejo. Le devuelve el mismo rostro pálido de siempre, las ojeras del mal sueño y ese pelo revoltoso exasperante.
Luego de realizar la rutina diaria de lavarse-peinarse-cepillarse los dientes que tanto detesta, se dispone a encaminarse en la segunda rutina de todos los días. Demostrar falsedad, sonreír y mirar fijamente el interlocutor, con el lema pegado en la frente de “El cliente siempre tiene la razón”.
No, hoy no. Se encamina a una mejor rutina. Debe encontrarse con esa persona que atiborra su corazón. Esa persona que la encamina hacia una felicidad momentánea. Porque la felicidad de sus encuentros nunca dura para siempre.
-Puta, llego tarde-salió gritando hacia la parada de ese sistema, aún obsoleto. En efecto, al intentar llegar a la parada, se borra de su cara la sonrisa momentánea del recuerdo de la reunión, para pasar al rostro enrojecido de la ira, ya que el colectivo había pasado una vez más antes que ella.
Luego de esperar la cuantiosa, molesta e innecesaria espera de 15 minutos(¡estamos en el siglo XXI, no puede ser!), logra tomar el colectivo, para que sus penurias no sólo empiecen, sino que continúen a lo largo de un viaje un poco accidentado.
Al llegar al destino, recuerda la reunión, pero también recuerda que debe cumplir con la segunda rutina diaria, y la sonrisa se borra de nuevo de su cara.
-Buenos días.-replica al primer asomo de comprador- veo que anda buscando sobre nuestra gama de productos, ¿en qué puedo ayudarlo?
-Necesito una batidora, con muchas funciones, y no muy cara, ¿eh?.
-Por supuesto, aquí le brindo una gama…-y enseña los diferentes productos, explicando las capacidades que tiene cada uno(aunque no entienda exactamente a que se refiere con que consume 5 V y que tiene tenazas autocambiables), los precios y los métodos de financiamiento que ofrece la organización para la cual ella trabaja.
-Es negra, no me gusta.
-Disculpe señor, con todas esas capacidades, y al precio que busca, sólo tenemos de ese color.
-¡SI ES NEGRA, NO LA LLEVO!-vociferó el desgraciado
-Cálmese señor, ya consultaré con mis superiores para ver la posibilidad de traer la gama que usted desea.
Otro día exasperante. Igual que el comienzo. Se sienta sobre un banquillo de la oficina para empleados(un rectángulo diminuto de 2 metros de área, para 50 empleados), y se sirve un vaso de jugo. Se retira hacia la oficina de su superior, que coordina uno de los grupos de empleados donde fue a caer, en un giro del destino, ella misma.
Luego de hacer un poco de política con su superior, consigue darle al comprador lo que quiere. Le avisa que en 48 hs hábiles estará listo para su retiro, y se desvive en reverencias y disculpas. En efecto, a ella le pagan por mentir. Y por hacer política. Que no son lo mismo.
Y así transcurre otro día. Pero ve las nubes grises, son el preludio a un mejor atardecer.
Comienza la tercera rutina del día, una rutina masoquista, ya que se ella misma eligió hacerla: francés. La mejor de las rutinas, sin duda. Y la que más lento pasa, por suerte de dios.
-Entreguen el TP final chicos, no se olviden, ¡al jefe!-recalca la profesora intentando llamar la atención de los alumnos, mientras estos escapan vigorosamente, luego de una sesión de 4 horas de pura francofonía.
Se levanta, toma dos pasos, indecisa de algo. Siento que no esta todo correctamente ordenado. Dos ojos en la cabeza, quizás. ¿Por qué?. ¿Quién?. Desiste de tales elucubraciones, para indagar porque su trabajo había recibido un 9.
-Faltas ortográficas, señorita. Faltas ortográficas. Si deduce cuales para la próxima clase, le pongo un 10- le contestó laprofesora sonriente.- Y esto, entre nosotros dos-susurró.
Afirmando guardar el secreto, se retira con el ánimo más levantado. -Nubes, buenas amigas- pensó.-Nunca fallan.
La cuarta rutina del día de todo día. Y la última. Pero hoy no. Hoy tiene un encuentro. Un encuentro. El encuentro.
La cuarta rutina de hoy es reemplazada por ir a la tan ansiada reunión. Una reunión que lleva mucho tiempo planificando, organizando. Una reunión que justifica.
Sus manos tiemblan, pero con paso firme decide encontrarse en el bar. Un pequeño bar familiar, que sirve de desayuno a los madrugadores, y de almuerzo a los transeúntes apurados.
Entra al bar, busca sigilosamente con una mirada mordaz adentro del bar, esperando algo diferente, y el alma baja hasta sus pies: no se encuentra. No se encuentra esa persona deseada, querida, audaz.
Decide esperar.- La esperanza es lo último que se pierde-recita seguido de una risotada- lo último que se pierde- repite mecánicamente. Se sienta, pide un café y espera. Pasan los minutos. Cosquillea con los dedos. Pasan las horas. ¿Cuántas horas?. ¿A qué hora llegará?. Siente que explota. Pero no termina de explotar. Siente que hace combustión, pero no explota. Y vuelve a hacer combustión, pero no explota. Lo único que falta es explotar, pero no lo logra. Espera, sentada. Se vuelve al reloj. Pasaron 4 minutos desde que entró. Se siente estúpida, y a la vez, llora por dentro. Detesta la espera, necesita. Necesita a esa persona. Desespera. No puede aguantar un minuto más. Fantasea con situaciones inverosímiles, para mantener la mente ocupada, para no seguir sufriendo. Pero todas desembocan en el llanto. No entiende como no puede crear una fantasía donde ella no esté sufriendo.
Se interesa por un grano de azúcar en particular, mientras mueve la cucharita sigilosamente. Levanta la cabeza, vuelve el alma a los pies.
Empieza a tener una jaqueca, en pensar y llorar, hasta que ve. El alma no se le vuelve a los pies, directamente no la siente. Siente que está en otro lado. Pero sonríe. Sonríe, como nunca en la vida. Esa sonrisa, justifica su existencia. Le devuelven una sonrisa tímida, una sonrisa asombrada por el cambio de expresión de ella, de un blanco pálido, a un sonrojado naranja.
La conversación no importa, eso es secundario. La trivialidad no merece atención particular.
Terminó la reunión, con la promesa de otra en un futuro no muy lejano. Con una amplia sonrisa, por haber vencido su primer obstáculo, vuelve a casa, para convertir a la rutina viajera, en la felicidad viajera.

3 Comentarios para Atardecer – Capítulo I
adan
Diciembre 5th, 2009 a las 21:35
Va bien! Creo que muchos se pueden identificar con ese personaje.
Navegandoadan´s last blog ..Taylor Lautner (New Moon) será Max Steel
phyro
Diciembre 5th, 2009 a las 22:42
@adan: ¡Gracias!
Navegandonegaes
Abril 8th, 2010 a las 18:11
Felicitaciones por el escrito Phyro
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