Atardecer – Capítulo II
Febrero 21, 2010 | En: Escritos
Atardecer – Capítulo II – Entre hojas silvestres
Siente que su primera reunión salió mejor de lo que esperaba, a pesar de una serie de pequeñas interrupciones y traumas(como una taza caída, mientras el resto del bar se da vuelta para ver quién había generado tanto bochinche).
Lo bueno de las rutinas, es que para que sean en esencia rutinas, no deben cumplirse siempre. Y el día del descanso, este día, día sin rutinas, puede usarlo para recordar en sueños los acontecimientos pasados, mezclándolos entre fantasías, deseos, sueños viejos y malas noches.
Recuerda viejos tiempos. Tiempos de chocolatada, cereales y dibujitos animados. Tiempos que se esfumaron, que fueron arrancados sin previo aviso, para pasar a formar parte de lo que se denomina “la adultez”. Categorización estúpida-piensa. -Categorización humana, del tiempo. Inverosímil, como el tiempo mismo.
Recuerda a Garfield. -¡Los de antes eran dibujitos!. Aunque piensa que Garfield representa la mentira de la niñez, de que todo está bien, de que nada va a cambiar, y que todas las historias tienen un final feliz.
Sigue recordando esos tiempos, de familia unida, como incitando al desastre. Desastre que empezaría con algo tan ilógico como la compra de un peluche por parte de un ex-amigo de los padres. Berrinches innecesarios, mamá. Yo lo quería-piensa con los ojos llorosos. -¿Bajo que nivel moral cae quitarle un osito de peluche a un niño en su plena infancia, con el pretexto del deber de separarse totalmente de su grupo de amigos adultos, igual de ilógicos que ella?. ¿Quién es egoísta, ella o yo?. ¿Debería haberla entendido en vez de provocar tamaño berrinche?.
Historia pasada. Más vale recordar el presente, que aqueja con problemas peores. Se levanta de su habitáculo, para realizar la primera rutina. Pero como hoy es Domingo, no es una rutina, sino que se convierte en el hábito de cuidar el cuerpo. Además del lavado inicial, se agrega un par de minutos(dependiendo el humor) de gimnasia.
Sale a la calle, preparada para una sesión intensa de atletismo improvisado en la plaza más cercana. La desesperación pasada va esfumándose a la tercera vuelta. Sería un momento perfecto si a su lado estaría esa persona.
-¿Y si viene a correr conmigo?-se preguntó. No iba a ser exactamente el encuentro perfecto, al no poder declararse completamente, un poco debido a su amor y otro poco a su timidez, pero iba a ser un avance importante en su relación. Volvió a pensar en el encuentro pasado, perfecto e impredecible:
-¿Y vos, como estás?.
-Bien, bien.
-Mirá, cuando hablás en ese tono, no me gusta, ¿te pasa algo?.
-El laburo, que más va a ser.
-Fua, relajate. ¿Estás ahora en el trabajo?. ¿Entonces, de qué te quejas?.
-Eso es porque vos no laburás,cuando tengas que hacerlo, vas a ver que te agota las 24 horas del día.
-Sos pesimista, ¿eh? -esbozó una sonrisa. -Dale, levantá ese ánimo, que sino, no te vengo más a visitar.
Se cortó la conversación, no recuerda más. A continuación…:
-Mirá, los desarrollos pluviales constan de varias etapas de producción, no es algo así no más.
-Pero…
-Pero nada, es así y vas a tener que bancarte eso. Me encantaría volver a visitarte, pero voy a estar unas semanas afuera controlando el proyecto junto a otro grupo de compañeros y un profesor, como ya te conté hace mucho.
Se paró de repente en seco. ¡Maldición!. Se iba y la dejaba sola, una vez más. Egoísta. Nada de invitaciones a correr. Siguió recordando para no deprimirse de nuevo, ya tendría tiempo para eso después:
-Bueno che, tengo que irme. Te robé suficiente tiempo. Nos vemos.
-¡Chau! -le dijo casi sin levantarse, asombrada por la rápida despedida -te estaré molestando por mensajitos -le recordó mientras se levantaba y su cara perdía toda tonalidad rojiza.
Al final, por recordar, terminaba deprimiéndose. Todos los caminos al final llevan a un callejón sin salida. Lo peor, haber bloqueado mentalmente la parte donde se despedían. -¿Por qué la despedida había sucedido tan rápido?. ¿Qué hizo que se levantara rápidamente para irse con sumo apuro, dejándola prácticamente plantada?.
Pensaba terminar la gimnasia asignada a ese día, pero decidió continuar por el sentimiento que profesaba. Era como regalarse físicamente al otro. Pero regalar implica un afecto para con el otro, no un simple regalo para simular.
Una vuelta más, otra vuelta más. Podía resistir otra más.
Pone la llave en la cerradura. Le tiembla la mano, quizás del cansancio, quizás del dolor. Se prepara para comer una ensalada liviana, aunque sabe que eso no va a calmar sus instintos. Con los restos de comida que encontró por la heladera, se dispone a preparar una tarta, pensando y deseando el día que dejará de preparar comida sólo para una persona.

1 Comentario para Atardecer – Capítulo II
negaes
Abril 8th, 2010 a las 18:32
Relataste mejor que en anterior pero me atrapó más el otro. Va muy bien Phyro. Un saludo.
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